martes, 29 de mayo de 2012

El Juglar



Os voy a contar una historia antigua: habla de un juglar, una persona que trabajaba haciendo piruetas y equilibrismos, que cantaba y hacía chistes. Iba de feria en feria, de pueblo en pueblo y así se ganaba la vida, con las pocas monedas que le daba la gente agradecida por entretenerlos. Cuentan que cansado de este trabajo, entró en un monasterio para hacerse monje, se sentía llamado por Dios. Comenzó su vida monástica de trabajo, madrugones y oración. No tenía costumbre de hacer lo que hacían los demás monjes. No entendía latín. ¿Qué podía hacer él que no sabía leer y no sabía latín?
Confuso y avergonzado dejó de ir al coro. Los monjes sospecharon de él y uno de ellos le siguió para ver que hacía. La sorpresa fue mayúscula. Entraba en la capilla de la Virgen, se quitaba los hábitos y, vestido de artista, hacía piruetas delante de la estatua de María.
Llamado por el monje que le seguía, llegó el prior del monasterio. Y encontró al viejo artista tendido en el suelo cansado y sudoroso y a su lado la Virgen que había bajado de la estatua secándole el sudor. Cuando terminó todo, el prior le preguntó:
- Hermano, ¿qué hace aquí usted con este traje?
- Perdón, padre, hacía acrobacias. Yo no entiendo esas cosas tan bonitas que ustedes cantan y he pensado que también agradaría a la Virgen lo que yo sé hacer. ¿Cree que le la Virgen estará contenta?
- Sigue haciéndolo, hijo, María está contenta porque tú has sabido darle lo que sabías con todo tu amor.
La Virgen es así, no pide imposibles. Cada uno podemos darle lo mucho o poco que sabemos hacer, sin extravagancias ni rarezas. Cumpliendo con el trabajo de cada día, siendo buen compañero en el patio, buen estudiante en clase, buen hijo y hermano en casa... El amor a la Virgen, será en todo momento, un amor sencillo y sincero.

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