martes, 8 de mayo de 2012

Oler a Dios


A un Maestro Espiritual le preguntaron en qué consistía eso de experimentar y vivir la fe.
Él sin pensárselo dos veces contestó: “Consiste en oler a Dios”.
Viendo la extrañeza que causó su respuesta, la aclaró mejor contándoles esta historia:
“Un día Dios llamó a tres personas y le regaló a cada una un pequeño frasco que contenía el perfume de la Vida Eterna.
La primera de ellas, abrumada por tal regalo del mismísimo Dios, fue corriendo a por una cadenita de oro para colgarse el pequeño frasco del cuello. Eso le recordaría a Dios y le haría tenerlo siempre presente.
La segunda marchó deprisa a su casa, derramó el perfume en un recipiente y comenzó a analizar su composición química hasta obtener la fórmula. Se la aprendió de memoria e hizo que los demás se la aprendieran para que supieran en qué consistía el perfume de la Vida Eterna.
La tercera persona abrió el pequeño frasco y vació todo el Perfume sobre su cabeza y se marchó a perfumar el mundo”.
Terminada la Historia preguntó: “¿Quién de los tres dejó de oler como hombre para oler a Dios?”.
Los que le escuchaban contestaron evidentemente que el tercero.
El Maestro Espiritual añadió: “Pues en eso consiste experimentar y vivir la fe: en oler a Dios”.
Los Cristianos recuerdan a María de Nazaret como la mujer que supo “vivir la fe con sencillez y coherencia”, como la “primera Cristiana”. 

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